martes, 13 de noviembre de 2018

CUIDADO SANSON LO QUIEREN MATAR 52



Sansón pensó en la cobra obediente a sus deseos. Ella también lo protegía a toda hora aunque nadie la viera. Era su talismán, su defensa y su escudo, sin la cual no podía hacer nada extraordinario.
Ya soñolientos, dijeron “buenas noches”. Entonces el sueño les llegó lento y silencioso. En ese estado, las horas pasaban calladas, escondidas, como fantasmas huidizos.
El padre, comprometido a vigilar en la primera ronda, caminó despacio por los alrededores mirando a lo profundo del espacio algunas estrellas que le hacían guiños desvergonzados viéndolo solo, atisbó la lejanía con ojos nuevos, y escudriñó entre las rocas y las piedras para prevenir algún peligro que pudiera dañarles la tranquilidad.
Se sentaba en la arena junto al quiosco, para volverse a parar en poco tiempo al percibir ruidos desconfiables; contemplaba concentrado la fogata que a veces se debilitaba queriendo apagarse, le ponía ramas y troncos gruesos que la candela devoraba en poco tiempo dejando solo las cenizas, entonces llegaba el viento y la arrastraba rebelde a otros sitios, donde la arena la consumía con sus bocas glotonas-implacables.
Algunas veces, ruidos extraños debajo de las piedras y en las grietas de las peñas, lo ponían alerta. Entonces se paraba de un salto, caminando cauteloso, listo a defenderse, pero finalmente, cuando se aseguraba que no era nada grave, volvía al silencio, y todo regresaba a la quietud.
Así se deslizaba la noche.
Estuvo sentado largo rato encima de una piedra grande que le permitía vigilar su alrededor. Bajaba seguido para atizar la hoguera y para mirar a su mujer y a su hijo que dormían profundos. Se quedó observando las chispas crepitantes en el aire y las llamas que crecían y se achicaban impulsadas por el viento de la noche. Sin darse cuenta, el tiempo pasó envolviendo todo como un amo todopoderoso, tiránico-inevitable.
Levantó los ojos para mirar la luna que estaba fría, color blanco perlado y dándose cuenta que iban siendo las tres de la mañana y que necesitaba dormir, entró al quiosco llamando a Sansón suavemente “Tengo sueño hijo, necesito dormir un rato”.




No hay comentarios:

Publicar un comentario