lunes, 28 de marzo de 2011

EL PAIS DE LA NIEVE 169 (La desconocida y fantástica historia del pueblo Pijao)


Como a las diez de la mañana, aparecieron Ibagué, Yexalen y el taita Amuillán entre las chozas, ordenando las cosas que iban a hacer para terminar de atender a Madremonte, Mohán, Huenuman y a los jóvenes Cajamarca y Millaray.

Salía humo de las cocinas metiéndose por entre los palos y los techos, elevándose oscuro al espacio donde era acosado por el viento que se lo llevaba hasta la montaña cercana donde finalmente se hacía invisible. Muchos niños lloraban. Las mamás los regañaban cogiéndolos bruscamente de los brazos, llevándoselos junto a los fogones donde les daban de comer, acostándolos en esteras y cobijas junto al fuego de las hornillas. Así se quedaban callados dejando a las mujeres tranquilas haciendo el almuerzo. Los hombres habían traido animales del monte que alistaban para asarlos en largas varas encima de fogatas que habían prendido para hacer carbón.

Cajamarca y Millaray aparecieron a un lado de la maloca porque su rancho quedaba cerca de ahí. La joven estaba linda. Se había puesto su corona de oro, sus collares, pulseras y aretes y estaba cobijada con una ruana de colores que la mantenía tibia. Tenía la cara pintada con rayitas y manchitas artísticas. Cajamarca también tenía una ruana larga. se pintó la cara poniéndose una balaca de oro, llevando en la mano una lanza también de oro. Casi al mismo tiempo y por el otro lado de la grande construcción, la gente vió venir a Mohán, a Madremonte y al mago Huenuman que conversaban haciendo gestos, señalando las tierras del sur.

Mohán estaba grande y peludo, con ojos intensos de fuego. Se había puesto un guayuco largo de piel de gacela y tenía una ruana larga hecha con lana de ovejo.

Madremonte iba vestida con hojas de árboles de distinta clase y también con musgo, que le daba calor. Iba descalza y estaba hermosa.

Huenuman tenía su ruana de colores abrigándolo. Llevaba la vara del poder que nunca dejaba, porque ahí radicaba su magia.

Al verse se acercaron saludándose, mientras Ibagué y Yexalen llegaban a paso largo uniéndose al grupo "Buenos dias a todos" decían entre muchas palabras perdidas en el aire. Y la tribu los rodeó en un instante, esperando nuevas noticias. Entonces el mago Huenuman viendo que era el momento de hablar, buscó un tronco en el que se encaramó de un salto diciendo "Pueblo de los Panches, desde ayer hemos esperado el momento oportuno para decirles que los magos, los duendes y las Hadas, que viven mas abajo de las propiedades del cacique Cajamarca, y también en el Líbano y sus alrededores, han acordado darles éstas tierras porque la diosa Tulima así lo ha ordenado. La diosa lo hace porque ha visto como el pueblo Panche ha sufrido sin tener donde vivir fijamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario