Además habían sacado seis barriles de buen vino de
la casa de Poros y habían preparado también postres y doce variedades de
dulces. Así querían tener al joven Axo, y al alupio mas tiempo con ellos…….. y
que no se fueran tan rápido. “Esto está muy rico”. “Donde aprendieron a cocinar?”. “La carne está exquisita”. “Deme mas”.
Las palabras se
enredaban, saltaban, caían, se elevaban. A veces se estrellaban haciéndose
añicos, cayendo a tierra sin forma ni sonido.. “Yo también quiero”. “Nunca
había probado un dulce como éste”. “A usted no le da miedo subir a una montaña
tan alta?”. “No. Voy con el alupio y con el estoy seguro”. “Claro”. “Deme mas
carne y vino”. “El día está especial para una fiesta como èsta”.
Se levantaban para ir a las cocinas, volviendo con
platos, copas, bandejas llenas. estiraban la cabeza hacían gestos y señas.
El medio día llegó y entró la tarde.
Muchos durmieron en el pasto después del almuerzo
hasta las cinco, pero nadie soñó nada. Empezando a anochecer se levantaron para
encender las antorchas de luces verdes y azules. Pasarían muchas horas tomando
vino, hablando y riendo mientras bailaban.
Se cogieron de las manos invocando al dios de la
noche pidiéndole tranquilidad, sin aguaceros y con muchas estrellas de intensa luz.
A las seis ya era oscuro. Entonces encendieron las
antorchas que estaban frente a las casas. La calle se iluminó como si fuera de
día y todos se animaron hablando mas duro, yendo de un lugar a otro y haciendo
parte de todos los grupos.
El alupio se convirtió en atracción de niños y
adolescentes que nunca lo habían visto. Lo cogían corriendo con el en la mano;
daban vueltas alrededor de las piedras, los árboles y las casas, y la criatura
se dejaba. Sabía que ninguno lo dañarìa. Solo las veces que lo ponían en el
suelo o en las palmas de las manos para preguntarle cosas, hablaba, de resto
estaba callado y alegre. Comprendía que así ayudaba a que la gente estuviera
contenta. “De donde eres?” “De las raíces”. “Y hay mas personitas como tu?”. “Si,
somos un pueblo grande”. “Y por qué estás solo, por qué no vas con alguien mas
de tu pueblo?”
“Porque Axo me invitó solo a mi”. “Y se devolverá
con el?”. “No se. Es según lo que pase
en la cima”. “Quien te enseñó a hablar?”. “Nadie. Nosotros nacemos hablando”. “Y
en que te ocupas?”
“En
enseñarle a los hombres los secretos de las cosas”. “Entonces eres sabio?”
“Los alupios somos sabios pero tratamos de no decìrselo
a ninguno”.
Una niña de siete años de cabello negro y piel
rosada se inclinó traviesa cogiendo inesperadamente a la criaturita del suelo.
Salió corriendo a gran velocidad con el en la mano gritando . “No me alcanzarán,
éste alupito es mío solo mío”.
Corrieron detrás............ 
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