sábado, 16 de abril de 2016

AXO, EL ALUPIO Y LA MONTAÑA 34 (La historia de una criatura humana(?) de ocho centìmetros.



Además habían sacado seis barriles de buen vino de la casa de Poros y habían preparado también postres y doce variedades de dulces. Así querían tener al joven Axo, y al alupio mas tiempo con ellos…….. y que no se fueran tan rápido.  “Esto está muy rico”.    “Donde aprendieron a cocinar?”.  “La carne está exquisita”. “Deme mas”.
Las palabras se enredaban, saltaban, caían, se elevaban. A veces se estrellaban haciéndose añicos, cayendo a tierra sin forma ni sonido.. “Yo también quiero”. “Nunca había probado un dulce como éste”. “A usted no le da miedo subir a una montaña tan alta?”. “No. Voy con el alupio y con el estoy seguro”. “Claro”. “Deme mas carne y vino”. “El día está especial para una fiesta como èsta”.
Se levantaban para ir a las cocinas, volviendo con platos, copas, bandejas llenas. estiraban la cabeza hacían gestos y señas.
El medio día llegó y entró la tarde.
Muchos durmieron en el pasto después del almuerzo hasta las cinco, pero nadie soñó nada. Empezando a anochecer se levantaron para encender las antorchas de luces verdes y azules. Pasarían muchas horas tomando vino, hablando y riendo mientras bailaban.
Se cogieron de las manos invocando al dios de la noche pidiéndole tranquilidad, sin aguaceros y con muchas estrellas de intensa luz.
A las seis ya era oscuro. Entonces encendieron las antorchas que estaban frente a las casas. La calle se iluminó como si fuera de día y todos se animaron hablando mas duro, yendo de un lugar a otro y haciendo parte de todos los grupos.
El alupio se convirtió en atracción de niños y adolescentes que nunca lo habían visto. Lo cogían corriendo con el en la mano; daban vueltas alrededor de las piedras, los árboles y las casas, y la criatura se dejaba. Sabía que ninguno lo dañarìa. Solo las veces que lo ponían en el suelo o en las palmas de las manos para preguntarle cosas, hablaba, de resto estaba callado y alegre. Comprendía que así ayudaba a que la gente estuviera contenta. “De donde eres?” “De las raíces”. “Y hay mas personitas como tu?”. “Si, somos un pueblo grande”. “Y por qué estás solo, por qué no vas con alguien mas de tu pueblo?”
“Porque Axo me invitó solo a mi”. “Y se devolverá con el?”.  “No se. Es según lo que pase en la cima”. “Quien te enseñó a hablar?”. “Nadie. Nosotros nacemos hablando”. “Y en que te ocupas?”
      “En enseñarle a los hombres los secretos de las cosas”. “Entonces eres sabio?”
“Los alupios somos sabios pero tratamos de no decìrselo a ninguno”.
Una niña de siete años de cabello negro y piel rosada se inclinó traviesa cogiendo inesperadamente a la criaturita del suelo. Salió corriendo a gran velocidad con el en la mano gritando . “No me alcanzarán, éste alupito es mío solo mío”.
Corrieron detrás............ 







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