lunes, 25 de julio de 2016

AXO, EL ALUPIO Y LA MONTAÑA 47 (La historia de una criatura humana(?) de ocho centìmetros.



Axo miró entonces contento a la criatura. Si Eres no lo hubiera acompañado en su viaje a la cumbre, el no tendría posibilidades de llegar a donde quería.
Lo tomó con cuidado en la mano derecha y metiéndose en el nido se acomodó bien para dormir largas horas en los escarpados riscos.
La noche pasó en un instante, sin sentir el viento formidable silbando en las grietas y en los hondos precipicios. Bramando colérico, poderoso. Tampoco sintieron el cortante frío de la altura porque lo principal para ellos era dormir y descansar.
Ya de día, cuando el sol se puso de frente, se paró con hambre voraz, arrancando algunas hojas que crecían en las peñas, masticándolas ansioso sin pensar que pudieran ser venenosas…….. pero no pasó nada y algo calmado en su agonía estomacal, lanzó el bejuco a una roca saliente para asegurarlo de allá. Le había hecho una llave que consideró segura y que probablemente podía aguantar su peso. Apuntó con un tiro tan certero que la liana se aseguró sin problemas, entonces se colgó suave para calcularle la resistencia y al ver que no cedía, empezó a ascender lento poniendo toda su agilidad y fuerza en la subida.
Se había prometido terminar de escalar hoy esa parte tan difícil de la montaña pero tuvo un grave problema porque casi se cae al abismo. La llave que le había hecho al bejuco se corrió peligrosa, quizás por la humedad que tenía. Ya había subido nueve metros y estaba en el aire únicamente colgado de la liana y sin ningún apoyo en los pies. Abajo un despeñadero oscuro al que no se le veía fin, lo estaba esperando grave y en silencio para acompañarlo a otros mundos. De pronto el bejuco se deslizò de la roca y el joven en un total vacío, cayó al abismo en una bajada rauda y mortal.
La liana, que llevaba enredada en sus manos, golpeaba las paredes como una larga serpiente tras el muchacho que irìa a estrellarse indefectiblemente en alguna roca para convertirse en una masa amorfa…….Sin vida.
Pero pasó algo prodigioso, algo realmente màgico. El joven se quedó de pronto suspendido en el aire como una pompa de jabón que fue ascendiendo en medio de la rocosa garganta hasta que en menos de dos minutos alcanzó la superficie de esa parte de la montaña que estaba cubierta de escarcha.
Axo comprendió inmediatamente quien era el artífice de semejante prodigio. Tomó al alupio en la mano besándolo sin parar, diciéndole. “Gracias mi fiel amigo, gracias por semejante portento que ha hecho conmigo. Que hubiera hecho yo solo…..Si no estuviera ustèd? A éstas horas estaría hecho papilla y ya sería carne de los buitres.
El alupio sonrió diciendo.  “Algún día usted también podrá hacer éstas cosas. Es algo natural. Son facultades que los hombres tienen pero que están dormidas a causa de la ignorancia, del miedo y de la duda”.

Axo lo oprimió suave y volvió a besarlo quedándose tendido en la blanca y escarchosa arena.




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