sábado, 24 de septiembre de 2016

AXO, EL ALUPIO Y LA MONTAÑA 54 (La historia de una criatura humana(?) de ocho centìmetros).



 “Eres explíqueme esto” dijo Axo asustado. Siento que estoy aquí pero a la vez siento que tampoco estoy. Qué es lo que pasa?
La criatura sonrió diciendo “ Ya se acostumbrará a estos fenómenos-contrafenómenos. Esta es una parte de la montaña donde los viajeros pueden enloquecer de fantasía-irreal. Debe tener fuerza mental, conservar la serenidad, reflexionar y comprender las cosas. Eso le ayudará a llegar sano a la cima”.
Axo escuchaba y no escuchaba, mientras daba vueltas retro involuntarias entre la tierra algodonosa. Flotaba y no flotaba en el ambiente inexistente donde creía estar. Tenía la sensación de encontrarse en un vacío sin vacío en el que todo era creado. Sabía que estaba ahí junto al alupio y sin embargo no estaba en ninguna parte y le parecía que tampoco el alupio estaba porque sin duda era irreal.
Iba de aquí para allá caminando no se sabía sobre qué. Realmente no iba a ninguna parte….. Caminaba pero sin embargo sabìa que no caminaba. Sentía resbalarse y comprendía que no era un resbalón y el alupio sonreía mirando a su amigo tan confundido en aquel sitio donde todo era y no era al mismo tiempo. 
Tal vez así fue al comienzo cuando el tiempo apenas empezaba a formarse en antiformas, reflexionó el alupio. Quizás las cosas querían ser pero todavía no eran o posiblemente querían dejar de ser.
Axo se quedó quieto-inquieto observando lo inobservable…….era incapaz de observar. Era de los contados testigos que habían llegado a ésta parte de la montaña para ver un mundo de definición-indefinible.
“Mire aquellos animales Axo. Son curíes comen coles y zanahorias pero en realidad no se las comen porque esas coles y esas zanahorias no existen, decía el alupio con palabras que no eran palabras, sino pedazos de aire estrellándose en un espacio-anti-espacio. Esos curíes siempre tienen hambre pero en realidad no la tienen porque son anticurìes. Nosotros también, decía flotando como una pompa de jabón que explota y desaparece sin dejar de estar, somos una sombra. Aquí tenemos un cuerpo pero con seguridad no lo tenemos”.
Mas allá, entre neblina que no era neblina los árboles se reían enloquecidos. Las carcajadas se chocaban en el aire-antiaire produciendo tanto ruido que los frutos se caían verdes. Era tal el alboroto, tan bestial el desorden, que muchos árboles cansados de ansiedad y gozo, con los tallos y las raíces adoloridas de risa, caían agotados y temblorosos en medio de la tierra vaporosa; agitaban sus ramas largo tiempo en una superficie que no había. “A éste lugar” contaba el alupio mientras navegaban por un espacio en el que no había tiempo ni comienzo ni fin llegaron hace mucho tiempo los creadores de lo que nunca fue y fabricaron cosas que jamás existieron. Inventaron palabras sin forma y sin sonido y se convirtieron en chispas de agua-candela.





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