domingo, 14 de octubre de 2018

CUIDADO SANSON LO QUIEREN MATAR 50




“Deberíamos quedarnos aquí esta noche”, dijo Sansón, suave, para no despertarla. “Si, creo que es lo mejor. Descansemos nosotros también y ahora inventamos algo para protegernos del sereno y de la noche”.
Caminaron en silencio mirando cual sería el sitio bueno para armar el quiosco. Después de rondar por ahí mirando todos los lugares con atención, concluyeron que sería el mismo punto en el que Sansón ya había descansado hacía dos días, porque sin ser una cueva completamente cerrada, ofrecía un techo rocoso que los protegía de la intemperie y del viento que a veces llegaba furioso. Satisfechos por esa decisión, se recostaron a los lados de Mara muy callados y prudentes.
En poco tiempo el día se fue acabando.
El sol, cansado de regalar tanta luz, cerraba los ojos y empezaba a dormirse profundo para recuperarse del agotador trabajo del día.
La madre se despertó a las siete de la noche, cuando el viento se hacía fresco y ya soplaba duro entre las rocas y encima de la arena.
Antes de oscurecer, Manoa y Sansón se habían dado mañas de conseguir troncos y palos abandonados en las peñas que les permitieron levantar el quiosco sin tantas dificultades. Las tormentas de arena no les harían daño donde estaban, además tendrían espacio suficiente para ver cualquier bicho venenoso que llegara de improviso, o cualquier ladrón del desierto que quisiera atacarlos.
En pocos minutos el toldo estuvo listo, porque Mara también ayudó a alzarlo mientras se reía de su sueño que la había agarrado con malévola fuerza. “Morfeo me tenía en sus brazos”, les decía riéndose, mientras acomodaba una esquina del toldo en la base de un largo leño que había sido enterrado por Sansón para construir el quiosco.
Su marido y su hijo también se rieron, haciéndole chanzas que ella aceptaba con mas risas. “Los dioses quieren raptarte para llevarte con ellos. Están celosos con nosotros por tenerte” le dijo Manoa, afirmando entre la arena y entre algunas piedras, un poste central que resistiría casi todo el peso de la cubierta, que al fin quedó lista para guardarlos en esa noche.

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